Avandono paterno real vs abandono simbólico María del Mar Mediterráneo

Yo he pasado por estas dos situaciones en forma de dos fases consecutivas. Primero viví un abandono simbólico, y después vino el real.

Te cuento esto porque yo ya lo he superado y quiero decirles a las mujeres que se encuentran en alguna de estas situaciones de abandono paterno real o abandono simbólico, que se encuentran al principio de un camino de crecimiento y auto-descubrimiento.

A mujeres que están sufriendo por su situación de abandono simbólico o real, mujeres que como yo viví, lloran casi cada noche, no entienden qué hay de malo en ellas para que sus padres no las quieran, mujeres llenas de rencor por múltiples situaciones dolorosas que se reviven en la mente una y otra vez.

Las heridas de abandono dependen en forma, profundidad y contenido de las circunstancias personales de cada una de nosotras.

No hay nada de malo en nosotras.

La presencia de una madre altamente entregada o de familiares que hayan podido amortiguar los efectos del abandono, influirá mucho en el tipo de heridas y en la profundidad de las mismas, y con ello, la profundidad y longitud del camino de superación.

Sin embargo, las heridas de abandono suelen tener un patrón que se repite en todas las personas, y es el sentimiento de orfandad, de desprotección y de inseguridad ante la fuerza de la vida que, en muchos momentos, nos asusta.

De manera que, con las particularidades naturales de cada persona y cada caso, el abandono paterno real y el abandono simbólico, atacan y afectan a la misma base emocional de autoestima, auto-confianza, de percepción de la vida como insegura, a nuestra necesidad humana de merecer y ser amadas.

Abandono paterno real vs. Abandono simbólico

Como he dicho, he vivido los dos tipos de abandono consecutivamente, primero un abandono simbólico inundado de un desentendimiento paternal, seguido de un abandono real.

La principal diferencia que experimenté yo entre el primero y el segundo es que en el primer caso, en el abandono simbólico, no te das cuenta de que sufres de abandono hasta pasados los años.

Ya que el abandono simbólico que es algo que tienes normalizado en tu vida o a lo que no le quieres dar importancia. Aunque cuando comparas con personas de tu alrededor, tus amigas, ves que tu padre no se comporta como los otros padres, pero piensas que tu situación es “especial”.

Abandono vs. Fallecimiento

El sentimiento de abandono es un dolor universal. Todos lo vamos a experimentar tarde o temprano con seres queridos.

Cuando un familiar muy próximo fallece, esa persona que suponía un gran apoyo en nuestra vida, podemos sentir que de algún modo nos abandona, se va para siempre, nos deja desprotegidos, solos, abandonados…

Este mismo sentimiento es el que se siente del abandono paterno, tanto si se trata de un abandono real donde el padre abandona la familia y no volvemos a saber de él, como de un abandono simbólico donde el padre no hace su papel de padre, aunque puede estar físicamente en la familia o cerca de ella.

La diferencia fundamental entre un abandono simbólico o real, y un fallecimiento, es que el abandono tiene, adicionalmente, un fuerte contenido de rechazo, un atropellante sentimiento de que te expulsan de su vida, de tu vida, de la vida que siempre has tendido junto a tu padre, y que hoy se te arrebata y se te niega.

Nos identificamos fuertemente con las personas que consideramos parte de nuestra vida. En el fondo pensamos que son parte de nuestra identidad, de nosotras mismas. El vínculo de los padres con los hijos se tilda en psicología como fundamental.

Y cuando sentimos que nuestro padre nos repudia, nuestra sentido de nosotras misma se tambalea y se ve amenazado. Nos sentimos perdidas, no sabemos muy bien qué hacer o a quién acudir, y sentimos incomprensión. Sentimos miedo.

Es habitual que cuando tu padre te expulsa de su vida o en el caso del abandono simbólico, no te atienda como padre, se desate dentro de ti un devastador sentimiento de culpa. Podemos pensar que “es por nuestra culpa” que nos estén rechazando, que hay algo malo en nosotras, en nuestra naturaleza, que algo hacemos mal, que no merecemos ser queridas y amadas.

El padre que abandona realmente

¿Por qué? Te habrás preguntado infinidad de veces…

Las causas que llevan a un padre a abandonar a sus hijos son múltiples, variadas y solamente ellos las pueden saber en lo más profundo de su corazón.

Igual que hay muchos hombres con un sentido de la paternidad y de la importancia del vínculo paterno muy desarrollado, hay otros que no lo tienen tanto. Pero es seguro que todos ellos tienen dolores y traumas no resueltos, que los llevan a actuar como actúan.

  1. El padre frustrado

Hay padres que se ven superados por su situación vital. Quizás tengan un trabajo muy exigente que no les gusta y que no le permite tener tiempo libre, la responsabilidad de proveer y atender a una familia les supera, y encima ven como sus mejores años se marchitan y desaparecen mientras vive una vida de insatisfacciones.

Y un buen día, después de haberle dado muchas muchas vueltas, sale por la puerta y nunca regresa. En este caso entrevemos una incapacidad para hacerse cargo de las responsabilidades y afrontar los problemas de la vida con madurez.

  1. El padre que… a otra cosa, mariposa

Otra opción es que, sencillamente, tu padre se vaya con otra mujer. La relación entre vuestros padres lleva muerta desde hace ya varios años, y o bien no se soportan, o son terriblemente infelices juntos. Lo único que los une ya son los niños, la familia, que no verá bien un divorcio (las abuelas pueden llegar a disgustarse y decepcionarse muchísimo), la dependencia económica, que es más frecuente hacia el hombre que de la mujer, el qué dirán y el estancarse en la comodidad de lo conocido.

Pero un buen día, tu padre conoce a una mujer interesante. Para colmo, esa mujer deja entrever un interés hacia tu padre. Y el resto de la historia no te la cuento porque ya la conoces.

Finalmente, tu padre decide dar el paso y dejar a su mujer de toda la vida por esta nueva, refrescante y prometedora mujer.

Es importante que tengamos presentes, que nuestros padres tienen todo el derecho de ser felices y buscar su felicidad. Sin embargo, esto no los exime de sus responsabilidades como padres.

  1. El padre infeliz

Hay otra situación más melodramática. La situación en la que tu madre tiene una enfermedad profunda y severa que arrastra ya muchos años, física o mental, (para ti, desde el principio de los tiempos) y tu padre lidie infelizmente con una vida que aborrece. Es infeliz en el trabajo, infeliz en la familia, infeliz en las relaciones sociales…

Su puesto de trabajo, quizás no lo puede cambiar fácilmente, es su sustento, y en antiguo paradigma laboral un trabajo solía ser para toda la vida. Sus relaciones sociales sí puede cambiarlas. Y a su familia también.

Así que, un día, sin poder más, tras años de tener ese pensamiento en la cabeza, un día llega EL Día. El Día en que da la noticia del divorcio.

Este fue mi caso. En un inicio, mi padre trató de integrarnos a mi hermano y a mí en su nueva familia. No funcionó.

Ya con 15 años sufría un vacío, un desprecio y un rechazo frontal por parte de su mujer. Creo que esto precipitó el abandono paterno que aconteció paulatinamente.

Aún hoy me pregunto por qué. Un día se lo pregunté a mi padre, y me dijo que no lo sabía con cara de que sí lo sabía. No me dijo más.

El abandono simbólico

El abandono simbólico (o también llamada ausencia paterna) es un desentendimiento emocional, una desconexión del padre con sus funciones paternas, del vínculo afectivo con sus hijos, de sus responsabilidades, ya no legales, si no humanas.

El padre ausente es aquél que está sin estar. Es el padre que está en la familia, pero no se le siente.

  1. El padre a la antigua

Puede ser que no se involucre emocionalmente con los niños, porque considera que esa tarea es de la madre, y que él no tiene por qué inmiscuirse en la crianza de los niños. Solo interviene cuando las cosas se van de madre y hay que poner orden y mano dura.

En este caso, los hijos perciben una gran distancia con su padre. Su no implicación emocional, su desentendimiento en la crianza y el desarrollo afectivo del niño, hace que éstos sean futuros adultos con carencia y desequilibrios emocionales.

  1. El padre ocupadísimo

Luego tenemos al padre que nunca está en casa. Siempre está trabajando y atendiendo tareas urgentes, y no puede (no prioriza) dedicarle tiempo a su familia.

A nosotras nos habría gustado que nos hubiera dedicado tiempo algún día, que viera una película de dibujos con nosotras, que viniera a nuestra función del colegio o que nos animara en nuestra competición del equipo. Pero siempre tiene otras cosas más importantes y urgentes que hacer.

Nos sentimos desplazadas en un segundo plano y, por tanto, rechazadas, con un profundo sentimiento de abandono.

  1. El padre ausente propiamente dicho

El último caso es una mezcla de los dos anteriores. Es el padre que tiene muy poco tiempo porque siempre está trabajando o atendiendo urgencias, y el poco tiempo que tiene libre se lo toma para desconectar y enchufarse a la tele, bajarse al bar, leer la sección de deportes o reunirse con los amigos.

Todo esto no tiene nada de malo, si no desatendieran las necesidades afectivas y emocionales de sus hijos. Estos padres también piensan que eso es cosas de las madres y les dejan a ellas todo el peso y responsabilidad.

Cuando en realidad, el papel de protección, seguridad y amor que tiene un padre, ha de ser cubierto idealmente por él mismo (en el mejor de los casos). Aquí puedes leer cómo sobreviví al padre ausente, y mis 12 claves para la recuperación.

En todos estos sacos de ausencia paterna, el sentimiento de abandono simbólico puede llegar a sentirse tan real, intenso y palpable, como el caso de un abandono consumado.

Los primeros anuncios de tormenta…

Ante el divorcio de unos padres, puede que tu padre tenga toda la intención de continuar una relación contigo y con tus herman@/s como siempre, incluso quiera y planee llevaros con él.

Al principio os veis con frecuencia, llamadas, compartís fechas señaladas juntos…

<<¡No pasa nada!>>, piensas. <<Así mi padre es más feliz. Yo sé que se merece ser feliz y que antes no lo era. Después de todo, nuestra relación siempre va a ser la misma>>.

Poco a poco, la relación se va enfriando. Él deja de llamarte tanto, de compartir sus momentos importantes contigo, de estar en los tuyos. Además, notas el rechazo de su nueva mujer, sienes cómo no te quiere en su vida. En sus vidas. En sus vidas ya no entra tu vida.

Tu vida y la de tu padre ya no son la misma, ya no están entrelazadas. Ya no se pertenecen…

Al fin y al cabo, para esa mujer eres una persona más que consume recursos (económicos, temporales y afectivos de tu padre). Le estás restando de “sus” recursos, y eso a ella no le interesa.

Esto no ayuda mucho en tu relación marchita con tu padre…

Y así va pasando el tiempo (y muuuuchos acontecimientos) hasta que tu padre y tú sois dos completos desconocidos. En medio ha habido gestos de rechazo, palabras feas, desentendimiento económico y emocional, algún tipo de mal-trato psicológico.

De pronto, eres la causa de todos los problemas de su mundo. Hagas lo que hagas, lo haces mal. Si haces, mal; si no haces, también mal.

 

Cuando nada de lo que una hace importa, lo único que importa es lo que una hace.

 

Así que sí. El abandono paterno real y el abandono simbólico pueden afectar de igual manera en una mujer. Uno no tiene por qué sentirse menos que el otro. Y tratar sus profundas heridas llevarán a un camino de sanación personal, y además, semejante.

 

¿Conoces otros casos? ¡Compártelos! Me encantaría saber de ellos ⇓

Escríbeme a soyyo@mariadelmarmediterraneo.com y cuéntame tu historia, tu tipo de padre (descrito aquí o no) o lo que te apetezca compartir.

El abandono paterno (real y abandono simbólico) deja huellas de desmerecimiento. Huellas de invalidez como persona, de no merecer lo bueno de la vida, de no merecer ser amada. Deja una autoestima por los suelos, una sensación de indefensión, de estar en desventaja en la vida, de una inseguridad y desprotección total.

Entonces, cómo es posible que haya cuestionado en este post: Desgracia o regalo, ¿qué es realmente el abandono paterno?

Todas estas sombras que imprime el abandono paterno invitan a recorrer un nuevo camino. Un camino de auto-descubrimiento, un camino de superación, de aprendizaje. Estás siendo invitada a atravesar un camino tras el cual, encontrarás un Yo nuevo y diferente.

Un Yo más sabio y maduro, más responsable y comprensivo, con una auto-confianza, autoestima, sentimiento de valía, de merecimiento, con una fortaleza interior renovada que nunca antes habías pensado que podías alcanzar. Una seguridad en ti misma y una certeza en tu interior, que te hace saber que si tú estás bien, la vida irá bien.

Pero este camino es un auténtico campo de minas, un campo minado donde pueden estallarte las minas repetidamente si no sabes transitarlo.

Te lo cuento porque yo ya lo he pasado, y ahora quiero ayudar a mujeres que se encuentren al principio de este camino de crecimiento y auto-descubrimiento, mujeres que se encuentren sufriendo por su situación de abandono, mujeres que lloran por las noches, que no entienden qué hay de malo en ellas para que sus padres no las quieran, mujeres llenas de rencor por múltiples situaciones dolorosas que se reviven en la mente una y otra vez.

Yo ya conozco el camino y quiero ayudarte a atravesarlo. ¡Pregunta lo que necesites!⬇

¿Te quedas?

Si deseas llegar a tu felicidad, tranquilidad y equilibrio interior, superando tu dolor con tu padre y empezar a tener una relación saneada basada en el amor y el compartir con tu pareja, te invito a unirte a al grupo de personas conscientes que ya trabajan a su favor en mi Programa de mentoring y coaching para Sanar tu dolor con tu padre, el cual transformará tus relaciones y tu vida.

Únete aquí a mi grupo de Facebook con mariavillosas personas de todo el mundo donde compartimos historias que en definitiva, tenemos común, para apoyarte y ayudarte en tu proceso de superación.

Ámate,

Maria del Mar Mediterraneo

 


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